Una forma diferente de mirar el mundo...

Cerramos con postigos las ventanas de nuestras mentes.
Encerramos y sometimos a los pensamientos de mil formas diferentes.
Y ellos encontraron una alternativa para brotar libres.-

viernes, 19 de agosto de 2011

AMELIA


Música de violín. La cámara muestra una imagen borrosa, se va enfocando. Dos niñas pequeñas están sentadas, cuchicheando.
La niña más pequeña peina a una muñeca, la más grande mira, seria, hacia el interior de la habitación que la cámara insinúa aunque el espectador no ve. La cámara muestra parte de la habitación, pero todo ello reflejado en un espejo: una mujer y un hombre, abrazados con gesto preocupado. Otro hombre inclinado sobre la cama. En el interior de esa habitación suena el llanto de un niño y las voces apagadas de los adultos.
La niña más pequeña deja la muñeca y se vuelve hacia su hermana.
- ¿Qué ves? –la niña pequeña mira a la niña grande que arquea el cuello para ver mejor.
- Lo mismo, ya te lo he dicho.
- ¿Jugamos a la pelota?
- No. Papá ha dicho que no nos movamos de aquí. –la niña pequeña pone cara de miedo y coge la mano de la niña más grande. La cámara muestra el detalle de las manos entrelazadas. La niña grande aprieta la mano de su hermana. –No tengas miedo, si nos portamos bien seguro que no nos lleva.
- ¿Crees que tiene alas? –la niña pequeña mira a la niña grande, con los ojos muy abiertos.
- No.
- Cuéntame el cuento otra vez –la niña pequeña apoya su cabeza sobre la niña grande.
- Luego dirás que tienes miedo.
- No –la niña pequeña contesta sin mucha seguridad. Abraza a su muñeca.
La cámara se desenfoca y muestra otro lugar, otro tiempo. Una mujer yace enferma sobre el suelo. Su cara denota el cansancio, la tristeza y sobre todo mucho dolor. A sus pies restos de lo que acaba de ser un parto en el suelo de la cárcel. El llanto de un recién nacido provoca un gesto de desesperación. La mujer oculta su cabeza entre las manos.
La voz en off de la niña grande, ilustra las imágenes:
“papá dice que hace tiempo, a veces los bebés desaparecían. Cuando nacían, unas personas malas se los llevaban y sus mamás se quedaban sin ellos. Y una vez, a una mujer que se llamaba Amelia, le quitaron su bebé. Y la mujer se puso muy enferma, muy, muy enferma de tristeza. Nadie lograba consolarla y al final Amelia se murió de pena. Y papá dice que el alma de Amelia se pasea por las casas de los niños que están muy malitos y que cuando los niños no se curan, ella se los lleva. Por eso no debemos movernos, por si nos confunde”
El sonido del violín acompaña a la cámara que muestra de nuevo a las dos niñas. La mano de la pequeña aprieta muy, muy fuerte la mano de la grande. Se miran. De la habitación vuelve a surgir el llanto de un bebé. De repente cesa. Se escucha el gemido de una mujer y la voz de un hombre:
HOMBRE: Lo siento, he hecho todo lo posible…
Las dos niñas se miran. La pequeña se pone de rodillas y mira hacia la habitación.
-¿Qué ves? –le pregunta la hermana mayor -¿Lo mismo?

La cámara muestra lo que ve la niña, todo reflejado en un espejo: en la habitación una mujer llora desconsolada de rodillas, aferrándose a la cama. Un hombre trata de consolarla, otro mira muy serio. Ahora el espejo nos muestra la escena completa. En la cabecera de la cama, hay una mujer (Amelia), acaricia con sus manos al bebé que acaba de morir. De repente sus ojos se clavan en los de la niña e indica con el dedo que la pequeña guarde silencio.


"Amelia" ...