Una forma diferente de mirar el mundo...

Cerramos con postigos las ventanas de nuestras mentes.
Encerramos y sometimos a los pensamientos de mil formas diferentes.
Y ellos encontraron una alternativa para brotar libres.-

lunes, 11 de junio de 2012

El cuento de la niña sin nombre

Érase una vez una niña sin nombre.
Probablemente lo tuvo en algún momento de su existencia, pero su abuela lo borró de la memoria de todos y la llamó Lila. "Serás Lila, como las flores del campo. Cómo el color de las campanillas".
Y como Lila era muy pequeña, no pudo decidir. "Seré Lila, como el color de  las campanillas del prado".
A veces Lila tenía miedo. Vivía en una casa oscura, llena de habitaciones. Y por más que pasaba el tiempo siempre le parecía descubrir una nueva..."en esta habitación conservo las mantas para el invierno". Su abuela siempre aparecía cuando Lila tenía una duda. No la dejaba pensar y evitaba que la imaginación de Lila volase libre.
Cada tarde, la abuela y Lila iban al prado. Era un prado lleno de hierba fresca. Lila llevaba una rebanada de pan de centeno. A veces con jamón, a veces con mantequilla...Lila lo llevaba en la mano y cuando se sentaba y la hierba la envolvía le pegaba el primer mordisco. Ni el miedo de la noche, ni la intranquilidad de la primera luz de la mañana evitaban ese recuerdo de placer que le producía el primer mordisco de su rebanada de pan.
Luego la abuela le contaba historias. Historias raras sobre mariposas y luciérnagas:
"Cuando se escucha el aleteo de una mariposa, hay que estar prevenido. Sus alas baten el aire para llevarse el alma de los que mueren. Siempre que hay mariposas, Lila, ¡ten cuidado! atrapan el alma de los que van a morir.... así es siempre. Luego, por la noche, las luciérnagas les alumbran el camino. Para que no se pierdan. Si no fuese así, las almas quedarían perdidas en las alas de esas mariposas".
Lila escucha, devorando su rebanada de pan de centeno.
Y Lila escucha, tratando de recordar cuál es realmente su nombre.