Una forma diferente de mirar el mundo...

Cerramos con postigos las ventanas de nuestras mentes.
Encerramos y sometimos a los pensamientos de mil formas diferentes.
Y ellos encontraron una alternativa para brotar libres.-

domingo, 28 de noviembre de 2010

NUEVAS PELÍCULAS ROMÁNTICAS

Gracias a vuestras aportaciones, incorporo a lista las siguientes sugerencias....

- Los puentes de Madison
NO QUIERO NECESITARTE... PORQUE NO PUEDO TENERTE



- El velo pintado
A VECES EL VIAJE MÁS LARGO ES LA DISTANCIA ENTRE DOS PERSONAS...



- Antes del atardecer
RECUERDO AQUELLA NOCHE MEJOR QUE ALUNOS AÑOS DE MI VIDA



- El Diario de Noa
"¿Has amado alguna vez a alguien hasta llegar a sentir que ya no existes? ¿Hasta el punto en el que ya no te importa lo que pase? ¿Hasta el punto en el que estar con él ya es suficiente, cuando te mira y tu corazón se detiene por un instante? Yo sí... "



- Dracula (Bram Stoker)
TE AMO DEMASIADO PARA CONDENARTE

sábado, 27 de noviembre de 2010

25 MEJORES PELÍCULAS ROMÁNTICAS DE LA HISTORIA DEL CINE (AMERICANAS)

Estas son las 25 mejores películas románticas según el AFI. Seguro que faltan muchas!

1. Casablanca 1942 (castellano)
SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS


2. Lo Que El Viento Se Llevó (Gone With The Wind) 1939 (castellano)
REALMENTE MAÑANA SERÁ OTRO DÍA


3. West Side Story 1961 (castellano)
AHORA TAMBIÉN PUEDO MATAR PORQUE HE APRENDIDO A ODIAR


4. Vacaciones En Roma (Roman Holiday) 1953 (castellano)
NO HE ESTADO NUNCA A SOLAS CON UN HOMBRE NI SIQUIERA VESTIDA. EN ROPA INTERIOR ES AÚN MÁS EXTRAÑO.


5. Algo Para Recordar (An Affair To Remember) 1957 (castellano)
¿CREE QUE EXISTE ALGUIEN DE QUIEN USTED SE PUEDA ENAMORAR?


6. Tal Como Éramos (The Way We Were) 1973 (inglés)
7. Doctor Zhivago 1965 (castellano)
8. Que Bello Es Vivir (It's A Wonderful Life 1946) (castellano)
9. Love Story 1970 (castellano)
10. Luces De Ciudad (City Lights) 1931 (castellano)
11. Annie Hall 1977 (castellano)
12. My Fair Lady 1964 (castellano)
13. Memorias De Africa (Out Of Africa) 1985 (castellano)
CUANDO LOS DIOSES QUIEREN CASTIGARNOS ATIENDEN NUESTRAS PLEGARIAS.


14. La Reina De África (The African Queen) 1951 (castellano)
15. Cumbres Borrascosas (WUTHERING HEIGHTS) 1939 (castellano)
16. Cantando Bajo La Lluvia (Singin' In The Rain) 1952 (castellano)
17. Hechizo De Luna (Moonstruck) 1987 (castellano)
18. Vertigo 1958 (castellano)

19. Ghost 1990 (castellano)
NO TE IMAGINAS CUANTO AMOR ME LLEVO


20. De Aquí A La Eternidad (From Here To Eternity) 1953 (castellano)
21. Pretty Woman 1990 (castellano)
QUIERO EL CUENTO DE HADAS


22. En El Estanque Dorado (On Golden Pond) 1981 (castellano)
23. La Extraña Pasajera (Now, Voyager) 1942 (castellano)
24. King Kong 1933 (castellano)
25. Cuando Harry Encontró A Sally (When Harry Met Sally) 1989 (castellano)
"Te quiero cuando tienes frío estando a 21º, te quiero cuando tardas una hora para pedir un bocadillo, adoro la arruga que se te forma aquí cuando me miras como si estuviera loco, te quiero cuando después de pasar el día contigo mi ropa huele a tu perfume y quiero que seas tú la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches.
Y eso no es porque esté solo ni tampoco porque sea nochevieja. He venido aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible."


jueves, 25 de noviembre de 2010

¿DÓNDE VIVES?

El escenario está a oscuras. Hay una mesa y dos sillas. Una botella de vino y un par de vasos. Dos sillas. La luz comienza a iluminar muy tenuemente la escena. Suenan los acordes de una canción. En las sillas hay sentadas dos mujeres; van mal vestidas, sucias, su cara denota que son drogadictas. Una de ellas tiene la cara amoratada y los brazos también. La otra bebe del vaso de vino…
- MUJER 1 (la que bebe del vaso): Joder tía, te ha dejao la cara hecha un cristo…
- MUJER 2: Ya, pero no me ha roto nada.
- MUJER 1: ¿Has ido a urgencias?
- MUJER 2: ¡Qué va! –está nerviosa- ya te digo que no tengo nada roto, eso se nota. Hace un par de meses el Chico me metió una paliza y me rompió dos o tres costillas. No me acuerdo. ¡Ah, sí! Y el brazo. Desde entonces no lo muevo igual.
- MUJER 1: Ya. ¿Te ha pegao él?
- MUJER 2: No, ¡qué va! Llevo una semana sin verlo, creo. ¡Joder, la puta! Necesito meterme algo, tía.
- MUJER 1: Ya. A mí no me mires, no tengo nada. Bebe, así entras en calor.
- MUJER 2: Eso es una mierda. Pero echa, anda. –La mujer 1 le sirve vino- ¡Maldito cabrón! ¡Cómo me lo encuentre lo mato!
- MUJER 1: ¿A quién?
- MUJER 2: Al que me ha dejao así, joder. Pareces tonta, no te enteras de nada.
- MUJER 1: Ya.
- MUJER 2: Lo malo es que no lo conozco de nada. El hijo de puta venía de algún autobús, me acerqué y nos fuimos a los servicios de la estación. Me dijo que se la chupara y me dio 20 euros. Pero después de correrse el hijo de la gran puta me quitó el dinero y me hizo esto…
- MUJER 1: Ya. Seguro que no es la primera vez que te pasa.
- MUJER 2: -se queda en silencio durante unos segundos- No. ¡Mierda, necesito meterme algo! –cada vez está más nerviosa y los movimientos son incontrolados.
- MUJER 1: Bebe.
- MUJER 2: ¡Si al menos me hubiese dejao el dinero! Hijo de puta.
- MUJER 1: Ya. A algunos les gusta pegar. Yo conocía a uno que no se ponía si no me pegaba…
- MUJER 2: Pero a mí me ha jodido bien jodida. No he trabajado en todo el día.
- MUJER 1: Ya.
- MUJER 2: Y no es por la cara. La cara les da igual, se la suda. Por la mañana me he metido con uno en el coche pero cuando iba a empezar le he vomitado encima. He echado hasta la primera papilla –se ríe-
- MUJER 1: Ya.
- MUJER 2: ¡Tenías que ver la cara del gilipollas! El desgraciado me ha pegao un par de patadas y me ha dejado allí tirada. Llevo todo el día mal, creo que tengo fiebre, hecha polvo. ¿Tengo fiebre?- pasa el brazo por encima de la mesa y trata de tocar a la otra mujer-.
- MUJER 1: Vete a casa, tía. Y deberías ir a urgencias, puede que tengas algo chungo y que te haya reventado por dentro.
- MUJER 2: Dejé de ir hace tiempo. Siempre lo mismo, no me gusta que me miren así.
- MUJER 1: ¿Así como?
- MUJER 2: Joder tía, pareces tonta, así, con esa cara. Con cara de asco. ¡Gilipollas!
- MUJER 1: Ya. Te entiendo. –Saca un cigarrillo y se lo enciende-
- MUJER 2: Dame uno.
- MUJER 1: Solo me queda este. También llevo un mal día. Lo poco que he sacado lo he gastado…
- MUJER 2: Ni me lo digas. ¡Joder tía, estoy fatal! Necesito meterme algo y no puedo ni levantarme…
- MUJER 1: Bebe, lo poco que me quedaba lo he gastado en esto. Venga, compartimos el cigarro.
- MUJER 2: -inhalando el humo- gracias tía.
- MUJER 1: ¿Dónde vives?
- MUJER 2: En ningún sitio.
- MUJER 1: Ya.
- MUJER 2: Tenía una habitación con el Chico pero como no aparece, yo no puedo entrar. ¡Menudo cabrón!
- MUJER 1: ¿Lleváis mucho juntos?
- MUJER 2: Si. Somos socios ¿sabes? Él saca de aquí y de allí. De aparcar coches y eso. Él me metió en esto. Me dijo: nena, ¿quieres que te diga cómo se consigue dinero fácil?. Y me lo dijo. Y tenía razón. –la otra le quita el cigarro, ella coge el vaso- ¿Y tú?
- MUJER 1: Qué.
- MUJER 2: ¿Cómo te metiste en esta mierda?
- MUJER 1: Cosas que pasan. Joder tía, estás muy pálida, creo que te llevo a algún lado, a que te miren. Para mí que tienes algo chungo.
- MUJER 2: Mira, habló la doctora. Me cago en la puta –gime mientras se lleva las manos al estómago- ¡Joder!
- MUJER 1: Venga vamos –se levanta, pero la Mujer 2 sujeta su brazo y hace que vuelva a sentarse-.
- MUJER 2: Siéntate, todavía no has terminado el vaso.
- MUJER 1: No importa.
- MUJER 2: Cuéntame tu historia.
- MUJER 1: No hay mucho que contar.
- MUJER 2: No seas cabrona, te he contestado todo lo que me has preguntado. Habla. Ni siquiera me has dicho dónde vives.
- MUJER 1: -Se sienta, muy despacio. Se queda mirando muy fija, al público- Una vez tuve una vida normal –se ríe-
- MUJER 2: Ya, como todas.
- MUJER 1: Recuerdo que hablaba sola e inventaba amigos. Me inventaba un mundo mágico a mí alrededor. Y recuerdo la puerta de casa abriéndose, el miedo, los juegos interrumpidos, la ansiedad, los gritos y su voz. Su voz, grave, seria, sin emoción. Su voz llamándome por mi nombre: “Ven a mi cuarto”. Y en ese mismo momento el barco pirata que mis hermanos y yo habíamos hecho en una de nuestras camas, se hundía en un océano de aguas negras. – la luz tenue que ilumina a las dos mujeres, se va oscureciendo y un foco ilumina a la Mujer 1- Y yo iba a su cuarto. Y él cerraba la puerta. No recuerdo los motivos. Pero recuerdo cada golpe que me dio, porque ha marcado mi alma con miles de cicatrices. – la mujer 1 se levanta- ¿Dónde vivo? En una habitación cerrada que es el muro de mi mente, la estrechez de mis emociones, el coto de mi alma rota en pedazos. Una habitación en la que resuena el eco de su voz: “¡levántate y dime como quieres el siguiente puñetazo! ¿de frente o de lado?”. Y el gemido de aquella niña, traspasa tiempo y espacio y se cuela en mi mente, muerta de miedo, desgarrada por el pánico, sufriendo los golpes y suplicando: “¡por favor papá, no me pegues más!”. Se me parte el alma cuando veo a aquella niña, pequeña, desvalida, sintiéndose nada, sintiéndose el ser más indefenso del mundo, necesitando el consuelo más que la comida. Me invade la impotencia porque no puedo recoger su cuerpo frágil, roto, no puedo enjugar sus lágrimas, calmar sus gritos, llevarme su miedo muy lejos y mantenerla a salvo. ¡No puedo!. ¿Alguien puede? –se vuelve y mira a la Mujer 2.- Y lo peor son las palabras que fragmentan tu mente, que la confunden, que le roban la seguridad de tu propia imagen. Sigues viviendo, haciendo barcos piratas, esperando que se abra la puerta, el siguiente golpe, la siguiente palabra. Vives alerta, como un animal. Un animal herido, dispuesto a encajar los golpes y tratar de caer de pie. Te agazapas, huyes, corres y te escondes en madrigueras imaginarias, corres hacia un bosque que no existe porque él siempre te encuentra. Eres esa presa fácil que corre en campo abierto. Siempre te dan caza. – la Mujer 1 se queda de pie un instante, luego se sienta. La luz tenue vuelve a “animar” la escena. Se sienta – Necesito meterme algo.
- MUJER 2: Ya, bienvenida al infierno. –se ríe- ¡Joder, mataría por fumarme un cigarrito entero! ¿Crees que ellos me darán uno? –la mujer 2 señala al público-
- MUJER 1: ¿Quién, esos? –la mujer 2 mira al público también.
- MUJER 2: Llevan mirando desde que entramos ¿tú crees que nos han escuchado?
- MUJER 1: No. Nunca escuchan.
- MUJER 2: Ya.
- MUJER 1: Nadie escucha.
La luz se desvanece mientras suenan los acordes de esta canción:



miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA LUNA

- NARRADORA: Hace tiempo había un país dónde la noche se extendía oscura y el cielo era como un paño negro, pues la luna no salía nunca y ninguna estrella brillaba en las tinieblas. En la creación del mundo bastó la luz nocturna.
De aquel país partieron una vez cuatro mozos en peregrinación y llegaron a otro reino, donde por la noche, cuando el sol se escondía tras los montes, se veía sobre una encina una bola luminosa que expandía una luz suave. Se podía ver y diferenciar todo aunque no era tan brillante como la luz del sol. Los peregrinos se quedaron quietos y preguntaron a un campesino que pasaba por allí con su carruaje que clase de luz era aquélla.
- CAMPESINO: Es la luna. Nuestro alcalde la ha comprado por tres monedas de oro y la ha sujetado a la encina. Hay que echarle aceite diariamente y mantenerla limpia para que brille con claridad. A cambio le damos cada uno una moneda a la semana.
- NARRADORA: Cuando el campesino se hubo marchado, comentó uno de los peregrinos:
- PEREGRINO 1: Esta lámpara podría sernos de utilidad en casa. Tenemos también una encina, que es igual de grande, y podríamos colgarla en ella. ¡Qué alegría! Así de noche no tendríamos que andar a tientas.
- PEREGRINO 2: ¿Sabéis una cosa? Traeremos un carro y un caballo y nos llevaremos la luna. Ellos pueden comprarse otra.
- PEREGRINO 3: Yo sé trepar muy bien y la bajaré.
- NARRADORA: El cuarto trajo un carro y caballos, y el tercero se subió al árbol, hizo un agujero en la luna, pasó una cuerda por él y la bajó. Cuando la bola brillante estuvo en el carro, pusieron un trapo por encima, para que nadie se diera cuenta del robo. La llevaron felizmente a su país y la colocaron en la encina. Los viejos y los jóvenes se regocijaron, al ver cómo la nueva lámpara extendía su luz por todos los campos y llenaba las cámaras y las habitaciones. Los enanos salieron de las cuevas abiertas en las rocas y los pequeños gnomos bailaban en corro con sus chaquetas rojas en las praderas.
Los cuatro cuidaban la luna con aceite, le limpiaban el pabilo y recibían semanalmente su moneda. Pero los cuatro se hicieron ancianos, uno de ellos enfermó y viendo que la muerte se acercaba, ordenó que un cuarto de la luna que era de su propiedad, fuera depositada en la tumba con él. Cuando murió, el alcalde subió al árbol y cortó con las tijeras un cuarto, que fue depositado en el ataúd. La luz de la luna menguó pero no de forma notable. Murió el segundo y le dieron el segundo cuarto, con lo que la luz aminoró. Aún se debilitó más con la muerte del tercero, que se llevó también su parte y cuando el cuarto fue conducido a la tumba, volvieron a aparecer las tinieblas. Si la gente iba sin linterna por la noche, chocaban unos con otros.
Pero al unirse las partes de la luna en el mundo subterráneo, sucedió que, allí donde habían dominado siempre la oscuridad, los muertos se pusieron intranquilos y se despertaron de su sueño. Se asombraron de volver a ver, la luz de la luna era suficiente, pues sus ojos se habían debilitado de tal manera que no podían soportar la luz del sol.
Se levantaron, se alegraron y retornaron a su antigua forma de vida. Una parte fue a jugar y bailar, otros se fueron a las posadas, donde pidieron vino, se emborracharon, se enfadaron y se pelearon. Finalmente sacaron sus porras y se golpearon. El ruido era cada vez mayor y llegó finalmente hasta el cielo.
San Pedro que cuidaba la puerta del cielo, creyó que el mundo subterráneo se había sublevado y llamó a sus ejércitos celestiales, advirtiéndoles que si el feroz enemigo y su banda intentaban atacar a la comunidad de los santos, repelieran el ataque. Pero, como no llegaron, se montó en su caballo y pasó por la puerta del cielo con dirección al mundo subterráneo. Entonces calmó a los muertos, los hizo meterse en sus tumbas, se llevó a la luna y la colgó en el cielo.
J. y W. Grimm

viernes, 3 de septiembre de 2010

IUS XV

Y este mundo, tal y como lo conozco, se tambalea bajo mis pies.
A mi derecha oigo la risa ahogada de Bernardo que parace disfrutar la decisión de la madre del duque. En los ojos de Isabel he visto el horror. Ella fue la que salvó a Gonzalo de una muerte segura. Buscó los remedios para sanarlo y los aplicó con destreza. La madre del duque debe saberlo y por eso ha decidido enfrentarlos.
- ¿Lo conoces? -la anciana toca el brazo de Isabel. Su mirada está poseída por la locura y la sensación de victoria.
- Antonia, no temas, Isabel se enfrentará a tu hombre -la reina, ajena a todas las peripecias sufridas en nuestro viaje, intuye que algo va mal.
- Querida, me han contado que tu hermana salvó a este infeliz de una muerte segura. Y ahora debe darle muerte si queréis llevaros al monje y al trenzador -definitivamente esta mujer debe tener pactos secretos con el maligno. La reina agacha la cabeza.
- Eso no supondrá ningún problema -la voz de Isabel rasga un silencio incómodo. La miro, sus ojos vuelven a mostrar un vacío que parece no tener fin. Gonzalo da un paso al frente, en sus ojos leo la determinación. Lo observo, su brazo aún no está curado.
-Pero Isabel, ¡su brazo!- me sorprende escuchar mi propia voz -¡No puedes hacerlo! -la he visto combatir, Gonzalo no tiene ninguna oportunidad.
-Entonces será un combate breve -Isable abandona la estancia, Gonzalo se acerca a mí.
-No te preocupes, monje. Prefiero morir así que ser torturado en las mazmorras del duque -posa una mano en mi hombro. La reina también se ha ido y tras ella la habitación se va vaciando poco a poco. Yo no puedo moverme. Ahora entiendo las lágrimas que surcan la fachada de este castillo. La madre del duque se queda sola y se sienta en la silla de su hijo. Miro a la mujer que está completamente abatida, al fin y al cabo su treta no ha surtido efecto. No contaba con Isabel. No contaba con la profundidad de su venganza.
- Vamos Pablo -la mano de Jesús me arrastra a la fuerza. Él es el ciego, pero ahora yo soy el que no ve -Vamos, muchacho, ya te dije que esta mujer es el mismísimo diablo. Largo es el camino que conduce al infierno, Pablo.
-Muy largo Jesús, demasiado largo -trato de que mi voz suene pero apenas puedo escucharla. En el camino que nos separa de la explanada del castillo, le cuento a Jesús todo lo ocurrido en nuestro viaje y él asiente.
-Si yo pudiese vengar la muerte de mis hijos, no dudes que lo haría. Rebanaría cuellos con mucho gusto muchacho así que no puedo censurar el sentimiento que invade a esa mujer, Isabel.
La explanada del castillo se ha llenado de soldados. Distingo la vestimenta blanca del ejército del duque y el color vino que viste a los soldados de la reina. Apenas hay una veintena de estos últimos, pero desde una de las almenas he podido comprobar que fuera forma un ejército que se pierde en el horizonte. Si Isabel gana el combate, el duque nos entregará a la reina sin dudarlo pues si no lo hiciese el ejército de la reina tomaría el castillo al asalto sin mucha dificultad.
El sonido lastimero de una campana anuncia la presencia de los dos combatientes. Gonzalo no se ha quitado la cota de malla que lo defiende de las embestidas de la espada. Su brazo izquierdo está vendado y el derecho sujeta firme la espada. Isabel viste de negro se ha quitado la capa que la cubre. Viste como un hombre, pantalones y un blusón negro. Si no fuera por el pelo y la cara cubierta de cicatrices cualquiera podría confundirla con un muchacho.
El segundo gemido de la campana anuncia el inicio del combate. Y tras unos minutos que parecen eternos, mis ojos son testigos de un espectáculo magnífico. ¡Qué Dios me perdone! Mi alma se sobrecoge al observar lo que me parece una danza pefectamente ejecutada. El sonido de las espadas compone una melodía perfecta y los dos combatientes se mueven con mucha elegancia. Pero la magia que emanan sus cuerpos no evita que el cansancio haga mella en Gonzalo.

Aún escucho los pasos silenciosos de mi sombra. En estos días juraría haber oido su lamento en cada uno de mis sueños. La mató sin apenas dudarlo y ahora este hombre convaleciente que se defiende de mis estocadas, es lo único que me separa de mi venganza. Mataré a Bernardo y entregaré a esa mujer a la reina y que ardan todos consumidos por sus demonios. A mí me da lo mismo. Este hombre combate bien, pero no tiene equilibrio, todo su lado izquierdo está paralizado por la herida del brazo. Podría haberlo matado nada más empezar, pero ... el aullido de mi compañera resuena en mi cabeza, me está provocando un terrible dolor de cabeza. ¿Qué me quieres decir, amiga? ¿Qué secreto es tan importante para vencer las barreras de la muerte?. El hombre se aproxima, está inquieto porque yo estoy parada. Me mira, interrogante. Pero ahora estoy ocupada, porque se que este aullido que me desgarra contiene un secreto que debo desvelar y no tengo tiempo.

Estoy seguro de que si no es por lo cuidados de esta bruja, hubiese muerto en mitad del bosque. ¿Qué hace? Es hábil con la espada, me habría vencido aún sin estar herido. Pero lleva un rato parada, su espada está en el suelo y traza círculos sin sentido. me aproximo. ¿Qué quiere? Vamos, mátame de una vez. Me encantaría gritárselo, pero estoy intrigado. Me aproximo un poco más.

Libre. Quiero ser libre. Libre para no deberle nada a nadie. Libre para no sentir que este odio que me consume y me corroe. Libre para reinar sobre mis propios sentimientos. Vamos, ven. ¡Tú vas a liberarme!. ¡Mírame a los ojos!. Clava esa espada en mis entrañas y líberame de un mundo que me somete y que no comprendo. Ese es el secreto de este aullido que me está consumiendo.

¿Qué hace? Clava la espada en el suelo, me mira fíjamente. ¡Oh Dios! Se está rindiendo...

- ¡No!- mi grito no detiene la espada de Gonzalo que se clava certera en el corazón de Isabel. Juraría que una sonrisa cruza la cara de la mujer, antes de caer muerta al suelo.
- ¿Qué ha ocurrido Pablo? -la voz de Jesús me obliga a volverme.
-Gonzalo ha matado a Isabel, ella se ha dejado vencer -el gemido de la madre del duque paraliza el resto de la frase.
- ¡Una mujer inteligente, si señor! -Jesús se ríe - y yo le estaré eternamente agradecido -le miro sin comprender- muchacho, ahora nadie sabe dónde está la mujer de los símbolos, Isabel la debió esconder vete tú a saber dónde....-ahora comprendo lo que Jesús quiere decir, pero estoy seguro de que esto no ha sido lo que ha movido a Isabel.

martes, 31 de agosto de 2010

IUS XIV

- Majestad -el primero en reaccionar el es duque. Los demás nos volvemos con cierto temor hacia la puerta. Ahí está ella. La reina. Su capa granate realza su figura. A mi lado Bernardo deja escapar un suspiro pero mis ojos están fijos en Isabel.
- Duque Víctor -la reina espera paciente que el duque recorra los pasos que los separan. Luego acepta su breve y temerosa reverencia. La reina mira hacia la madre del duque - Antonia -pronuncia su nombre con tono sombrío.

- Sed bienvenida a nuestro humilde castillo -la madre del duque, Antonia, no se mueve ni un solo milímetro. Todo su cuerpo denota provocación.

- Bien, esta no es una visita de cortesía -la reina aparta de su trayectoria al duque y mira con ira a Isabel - alguien se ha llevado algo que me pertenecía y vengo a recuperarlo.

- ¿Y de que se trata querida, te han robado uno de tus célebres vestidos? -Antonia, la madre del duque, se ríe sin control. El resto de la estancia permanece en silencio.

- Soy la reina -el enfado de la soberana va en aumento, pero no aparta los ojos de Isabel.

- Eso ya lo has dicho -Antonia se interpone entre las dos mujeres, protegiendo con su cuerpo la delgada figura de Isabel.

- Soy tu reina y me debes obediencia - el cuerpo de la soberana parece crecer por encima de todos los presentes. Noto la admiración de Bernardo y la la indignación de la madre del duque.

- Soy vieja, querida ¡ya no debo obediencia a nadie! -las carcajadas de Antonia indignan mucho más a la reina. Presagio un enfrentamiento pero mi mente evoca el recuerdo de la luna delgada tatuada en el hombro de Clara. Amenaza, la luna significa amenaza. Jesús a mi lado permanece quieto y expectante.

- Víctor, si no te encargas de tu madre daré orden a mi ejército para que derribe este castillo contigo dentro. De hecho si no salgo de aquí antes de media hora, lo harán de igual manera -el tiempo se paraliza, creo escuchar un prolongado suspiro por parte del duque pero mi cabeza está invadida por esa luna delgada, esa luna que significa amenaza. Estoy seguro que nuestro Señor misericordioso pondrá orden en este caos - ¿Por qué me has traicionado? -el tono de la reina cambia, el duque retira a su madre e Isabel se queda sola defendiéndose de la terrible mirada regia - Creía que podía confiar en ti ¿por qué? -el rostro de Isabel es impenetrable, no la he visto inmutarse. Observa, como lo haría una animal invadida de un silencio que me parece terrorífico. En sus ojos campa el mismo vacío que me ha congelado el alma.

- Para mi gusto, ella debería haber sido la reina. Pero tu padre era un ser voluble....

- ¡Madre! -el grito del duque toma por sorpresa a su madre, que calla sorprendida. Trato de asimilar la información que acabo de recibir.

- ¿Sabes Víctor? Debería haber acabado con tu madre hace mucho tiempo. Yo era la hija mayor del rey y por tanto yo debía reinar -la cara de la reina se torna pálida - Espero que mi madre haya purgado sus pecados, yo no puedo ser condenada por ellos. Y por tanto ¡yo debía reinar!.

-Cuando nació Isabel, fruto de la unión de tu padre con su segunda esposa, un rumor se extendió por todo el reino, un rumor más poderoso que el aire que respiras...¡tu padre deseaba que ella reinara! Sus cualidades eran superiores a las tuyas, en todo -el duque trata de refrenar la lengua de su madre, pero es tarde. Mis oídos no dan crédito a lo que acabo de escuchar. ¡Isabel es la hermana de la reina! Trato de recordar.... ¡todos creíamos que murió ahogada en un río! Durante años se rezaba por su alma cada año, el quinto día del mes de mayo...

- ¡Basta! -la reina lanza una mirada de odio al duque y su madre pero se dirige a Isabel - te salvé la vida ¡me lo debes! ¡Dime dónde está la mujer!

- Ya no te debo nada -la voz de Isabel suena tan vacía como su mirada.

- ¡Me lo prometiste! -la reina coge con ansiedad el brazo de su hermana, pero Isabel se sacude la mano.

- Ya no te debo nada.

- Pero.... -la reina no da crédito a lo que está escuchando, la sala está paralizada, pero de fondo se puede escuchar la risa de Antonia, la madre del duque.

- No sigas, no lo intentes. ¿No ves que te ha traicionado? Maté a su perra en el bosque porque sus aullidos podían delatarnos y desde entonces ha perdido el poco juicio que le quedaba -Bernardo se dirige hacia su reina y ella lo mira durante unos instantes sondeando lo más profundo de sus sentimientos.

-¿Qué hiciste qué? -un sonoro bofetón resuena en toda la sala, la reina descarga toda su fuerza en la mejilla de Bernardo -¡imbécil!

-Era lo mejor para llegar sanos y salvos al castillo ¡es lo que me pediste! -las súplicas de Bernardo son en vano.

- ¿Y me castigas por su culpa? -la reina vuelve a dirigirse a Isabel -Este debe ser mi sino, cargar con las culpas de los demás. ¡Dime que quieres! Y te lo daré sin dudar.

- Lo quiero a él -la mano de Isabel señala a Bernardo, que pese al bofetón la mira con soberbia.

- ¡Ni lo sueñes bruja! -trata de acercarse a ella, pero la propia reina se lo impide.

- Hecho. Es tuyo. Fuera de este castillo me dirás que has hecho con la muchacha -la reina no vacila en contestar.

- Pero ....- la voz de Bernardo parece más un lamento.

-¡No quiero escuchar ni una sola palabra! Yo soy la reina -la voz suena impetuosa y el gemido de Bernardo reemplaza la risa histérica de Antonia, que parece perdida en sus cavilaciones.

- Vamos, salgamos de aquí cuanto antes -la reina señala la puerta a Isabel y luego me mira a mí.

- Un momento, querida -la madre del duque se acerca - Verás, suponiendo que te dejemos llevarte al monje que ha sido apresado en nuestras tierras....a quién no te llevarás es a él -la mano huesuda de la mujer señala a Jesús, el Trenzador - es siervo de nuestras tierras y por tanto nos pertenece.

- ¿Y qué tiene eso que ver conmigo? -la reina mira a la mujer con curiosidad.

- Él es el hombre capaz de descifrar el secreto, querida. ¡Caprichos del azar! Conseguí apresar al visionario que murió sin soltar prenda... en cambio he retenido durante años a este infeliz sin saber muy bien por qué.... y resulta que ¡es él! -la madre del duque emite un alarido en señal de victoria. La reina se apoya en el brazo de su hermana. -Tendremos que negociar, pero mientras resolvías tus diferencias he pensado una alternativa.

-Di -es Isabel quién contesta.

-¡Resolvamos en combate singular! Mi hijo propondrá un caballero para batirse en duelo y tú, por tu parte, propondrás otro. En la explanada que hay frente al castillo ¡qué sea el azar justo juez de nuestra disputa! quién venza se llevará las claves de todo este galimatías -la mujer parece seria.

-¿Me queda otra alternativa? -la reina parece abatida. La mujer niega con la cabeza.

- Vamos, nombra caballero para combatir por el secreto -la mujer muestra sus encías desdentadas a la reina -es lo menos que podemos hacer siendo tú nuestra invitada...

-Yo combatiré. Terminemos de una vez con esto -Isabel vuelve a contestar, su hermana asiente.

-Buena elección -la madre del duque se ríe - permitidme que os presente a quién será vuestro contrincante... ¡Gonzalo! -nuestro compañero de viaje ha permanecido mudo durante todo este tiempo. La voz nos causa una tremenda impresión, pero como buen soldado, da un paso al frente -¿lo conocías? -las pupilas dilatadas de Isabel están invadidas por el horror -luchará por el secreto y por su propia vida....

jueves, 26 de agosto de 2010

IUS XIII

-Largo es el camino que conduce al infierno -la voz de Jesús ha cambiado, me recibe desde el patio. Tengo urgencia en verlo, pero más urgente me resulta tomar aire. La entrevista con la madre del duque me ha sofocado más que la estancia en lo calabozos. Tomo aire. Junto a Jesús están Bernardo y Gonzalo. Algo en el rostro de Bernardo llama mi atención.
-Lleva así un buen rato, no puedo sacarle ni una palabra -Gonzalo viene a mi encuentro y me toma del brazo- Nos cruzamos con un reo camino del calabozo, cuando a nosotros nos soltaban y desde entonces está en este estado. Ni habla ni entiende -Trato de aproximarme a Bernardo, pero la voz de Jesús me retiene.
-¿Pablo? -vuelve la cara hacia mí. Alguien se ha encargado de limpiarlo. Ahora presenta un aspecto humano. No logro acostumbrarme a verle con los ojos cegados.
-Si, Jesús, estoy aquí -me acerco a él y me toma el brazo.
-Desde que uno de los guardias ordenó cegarme.... mi olfato se ha agudizado, aunque debo confesarte que tras años de cautiverio este olor a ira me desconcierta -esboza una sonrisa -lástima que no pueda verlo... ¿Dónde has estado muchacho?
-Me mandó llamar la madre del duque.
-La bruja -noto como todo el cuerpo de Jesús tiembla.
-Para hablar de los símbolos inscritos en el hombro de la muchacha. Ellos creen que se trata de un mensaje oculta, una ley no...
-...escrita, Ius non scriptum -la voz de Jesús me sorprende- compartí un tiempo de mi cautiverio con una anciano, un visionario. Lo encerró la bruja porque se negaba a darle más detalles sobre la profecía... no es que el hombre no quisiera hacerlo, Pablo, lo torturaron de todas la maneras imaginables.... es que... simplemente ¡no podía! Sus visiones iban y venían y sinceramente muchacho, hasta que has aparecido yo siempre pensé que eran chifladuras.
-¡Qué extraño es todo esto! -Gonzalo nos sigue y asiente, Bernardo sigue ausente en una rincón del patio.
-Dime Pablo, ¿cuál es el símbolo que recuerdas? -Jesús gira la vista hacia mi, como si en realidad pudiese verme.
- Una luna, una luna delgada. -El recuerdo del hombro plagado de símbolos negros vuelve a provocarme un escalofrío. Los ojos del Clara me acompañan a la noche en que la vi por primera vez.
- La luna, significa amenaza, una amenaza -miro instintivamente hacia arriba y me parece que un par de ojos se ocultan raudos, para evitar nuestra mirada indiscreta.
- Jesús, la madre del duque tiene la intención de que ambos traduzcamos los símbolos. Yo seré tus ojos -Jesús se para en seco.
-No pienso hacerlo, pueden matarme en este mismo instante, pero no lo haré -aprieto el brazo de Jesús y trato de separarme unos pasos de Gonzalo.
-Vamos, Jesús, ¿qué puede contener un mensaje escrito en el hombro de la mujer?-Jesús se niega a avanzar y ahora formamos en grupo, con Gonzalo en medio.
-No tengo la intención de averiguarlo. No haré nada para satisfacer a esa mujer. Me ha encerrado en esa mazmorra, me ha torturado y ahora descubre la razón. ¡Y no sabes cuanto voy a disfrutar dejándola con la duda!-Jesús se ríe.
-¡Te matará!- trato de que entre en razón.
-Lo hará de todas formas y te aseguro que eso no es lo peor que me ha pasado -vuelve a reírse.
-Y también a ellos -señalo a Gonzalo y Bernardo.
-¡Por eso el duque no ha ordenado mi ejecución! -Gonzalo me mira. -Soy un desertor de su ejército, me hubiese ajusticiado de inmediato...
-Pues ese momento no ha hecho más que demorarse, joven. No pienso ayudar a esa mujer y creedme, es lo mejor -Jesús baja la cabeza pero Bernardo, que ha vuelto en sí, se acerca rápido.
- Lo harás, les dirás todo lo que quieran saber ¿vas a dejarnos morir? -Bernardo se abalanza sobre Jesús.
-¡Basta! -impido que los largos brazos de Bernardo alcancen a Jesús -¿qué pasa Bernardo?
-No gran cosa, monje -su ira contenida me sorprende -¿quién era el joven que os acompañó hasta el castillo de la reina?
-¿Jacobo? Pues, no lo sé, lo encontramos y se ofreció a guiarnos... pero ¿qué tiene que ver eso, Bernardo? -lo miro, está nervioso, Gonzalo trata de mediar, pero puedo notar el aliento de Bernardo.
-Ya. Pues lo llevaban a las mazmorras del palacio ¡fue a él a quién nos cruzamos!-la sorpresa se pinta en mi rostro.
-Pero ¿qué hace aquí? Estaba retenido junto a Anselmo y la chica.... yo ¡no entiendo nada! -miro a Gonzalo y Bernardo.
-Yo tampoco -Bernardo no se tranquiliza pero su ataque de ira parece aplacarse.
-¿Se puede saber que está pasando?-La voz de Jesús se ve interrumpida por el sonido de los pasos de varios soldados que llaman nuestra atención.
-El duque quiere veros -nos obligan a subir por unas angosta escaleras, las mismas que he recorrido para llegar al patio y nos conducen a lo que debe ser un salón de audiencias. Junto al duque está su madre, con una mano puesto sobre el hombro de su hijo. Parecen tranquilos, incluso podría asegurar que contentos....
-Pasad -el duque se levanta de su trono, desasiéndose de la mano de su madre -Creo que por fin ha llegado el día ¡hoy resolveremos este acertijo que nos corroe!
-Años de espera, años de búsqueda. He vagado ciega, entre brumas. Pero ahora todas las piezas de este rompecabezas están ante mí -la madre del duque solloza de alegría. Monje ¡tú serás sus ojos! y juntos desvaneceréis este velo que nos separa del conocimiento.
-Señora, no tenemos a la chica, ya os lo dije antes -mi voz suena opaca.
-¡Oh! Olvidé mencionarlo, la chica ha venido a mí -miro estupefacto a la mujer y al duque, que parece respirar como si le hubiesen liberado de un tremendo peso. Mis ojos buscan, mis oídos permanecen abiertos como si quisiera extraer la respuesta de los muros del palacio. Durante unos instantes que me parecen eternos solo escucho la respiración entrecortada de Gonzalo. Y de pronto, de una de las esquinas de la habitación surge una sombra negra, una figura delgada cubierta por una inmensa capa. Antes de que comience a hablar, el gemido de Bernardo confirma mis sospechas.
-No olvidéis vuestra promesa -un mechón rojo se escapa por debajo de la capucha y la mujer opta por quitársela totalmente. Isabel, la mujer del pelo rojo permanece de pie, en mitad de la sala de audiencias.
-Claro que no, pequeña, pides muy poco por tan valioso tesoro -la madre del duque la mira con el deseo prendido en sus pupilas. No puede ocultar que sentirse tan cerca de la respuesta que lleva buscando años la convierte en un ser voluble -Puedes quedarte con los dos si ese es tu deseo -presurosa se acerca y toma del brazo a Bernardo y a Gonzalo.
-No, solo me interesa él -Isabel roza el rostro de Bernardo, como lo haría un animal a punto de embestir, pero se frena y retira. Bernardo cae de rodillas, como fulminado. Siento una inmensa compasión por él pues desde aquí percibo la necesidad de venganza de Isabel- No volveré a entrar en el castillo, traeré a la chica hasta la puerta y es aquí dónde debéis entregármelo -vuele a cubrirse la cabeza con la capucha y cruza la sala.
-¡No lo hagas! -la agarro del brazo con fuerza cuando pasa a mi lado y ella se vuelve a mirarme. Lo que observo en sus ojos me deja petrificado: vacío. No tiene dificultad en seguir su camino, pero justo en la puerta una voz la detiene, una voz aguda, histriónica, una voz inolvidable...
-Yo soy la reina.