Una forma diferente de mirar el mundo...

Cerramos con postigos las ventanas de nuestras mentes.
Encerramos y sometimos a los pensamientos de mil formas diferentes.
Y ellos encontraron una alternativa para brotar libres.-

viernes, 3 de septiembre de 2010

IUS XV

Y este mundo, tal y como lo conozco, se tambalea bajo mis pies.
A mi derecha oigo la risa ahogada de Bernardo que parace disfrutar la decisión de la madre del duque. En los ojos de Isabel he visto el horror. Ella fue la que salvó a Gonzalo de una muerte segura. Buscó los remedios para sanarlo y los aplicó con destreza. La madre del duque debe saberlo y por eso ha decidido enfrentarlos.
- ¿Lo conoces? -la anciana toca el brazo de Isabel. Su mirada está poseída por la locura y la sensación de victoria.
- Antonia, no temas, Isabel se enfrentará a tu hombre -la reina, ajena a todas las peripecias sufridas en nuestro viaje, intuye que algo va mal.
- Querida, me han contado que tu hermana salvó a este infeliz de una muerte segura. Y ahora debe darle muerte si queréis llevaros al monje y al trenzador -definitivamente esta mujer debe tener pactos secretos con el maligno. La reina agacha la cabeza.
- Eso no supondrá ningún problema -la voz de Isabel rasga un silencio incómodo. La miro, sus ojos vuelven a mostrar un vacío que parece no tener fin. Gonzalo da un paso al frente, en sus ojos leo la determinación. Lo observo, su brazo aún no está curado.
-Pero Isabel, ¡su brazo!- me sorprende escuchar mi propia voz -¡No puedes hacerlo! -la he visto combatir, Gonzalo no tiene ninguna oportunidad.
-Entonces será un combate breve -Isable abandona la estancia, Gonzalo se acerca a mí.
-No te preocupes, monje. Prefiero morir así que ser torturado en las mazmorras del duque -posa una mano en mi hombro. La reina también se ha ido y tras ella la habitación se va vaciando poco a poco. Yo no puedo moverme. Ahora entiendo las lágrimas que surcan la fachada de este castillo. La madre del duque se queda sola y se sienta en la silla de su hijo. Miro a la mujer que está completamente abatida, al fin y al cabo su treta no ha surtido efecto. No contaba con Isabel. No contaba con la profundidad de su venganza.
- Vamos Pablo -la mano de Jesús me arrastra a la fuerza. Él es el ciego, pero ahora yo soy el que no ve -Vamos, muchacho, ya te dije que esta mujer es el mismísimo diablo. Largo es el camino que conduce al infierno, Pablo.
-Muy largo Jesús, demasiado largo -trato de que mi voz suene pero apenas puedo escucharla. En el camino que nos separa de la explanada del castillo, le cuento a Jesús todo lo ocurrido en nuestro viaje y él asiente.
-Si yo pudiese vengar la muerte de mis hijos, no dudes que lo haría. Rebanaría cuellos con mucho gusto muchacho así que no puedo censurar el sentimiento que invade a esa mujer, Isabel.
La explanada del castillo se ha llenado de soldados. Distingo la vestimenta blanca del ejército del duque y el color vino que viste a los soldados de la reina. Apenas hay una veintena de estos últimos, pero desde una de las almenas he podido comprobar que fuera forma un ejército que se pierde en el horizonte. Si Isabel gana el combate, el duque nos entregará a la reina sin dudarlo pues si no lo hiciese el ejército de la reina tomaría el castillo al asalto sin mucha dificultad.
El sonido lastimero de una campana anuncia la presencia de los dos combatientes. Gonzalo no se ha quitado la cota de malla que lo defiende de las embestidas de la espada. Su brazo izquierdo está vendado y el derecho sujeta firme la espada. Isabel viste de negro se ha quitado la capa que la cubre. Viste como un hombre, pantalones y un blusón negro. Si no fuera por el pelo y la cara cubierta de cicatrices cualquiera podría confundirla con un muchacho.
El segundo gemido de la campana anuncia el inicio del combate. Y tras unos minutos que parecen eternos, mis ojos son testigos de un espectáculo magnífico. ¡Qué Dios me perdone! Mi alma se sobrecoge al observar lo que me parece una danza pefectamente ejecutada. El sonido de las espadas compone una melodía perfecta y los dos combatientes se mueven con mucha elegancia. Pero la magia que emanan sus cuerpos no evita que el cansancio haga mella en Gonzalo.

Aún escucho los pasos silenciosos de mi sombra. En estos días juraría haber oido su lamento en cada uno de mis sueños. La mató sin apenas dudarlo y ahora este hombre convaleciente que se defiende de mis estocadas, es lo único que me separa de mi venganza. Mataré a Bernardo y entregaré a esa mujer a la reina y que ardan todos consumidos por sus demonios. A mí me da lo mismo. Este hombre combate bien, pero no tiene equilibrio, todo su lado izquierdo está paralizado por la herida del brazo. Podría haberlo matado nada más empezar, pero ... el aullido de mi compañera resuena en mi cabeza, me está provocando un terrible dolor de cabeza. ¿Qué me quieres decir, amiga? ¿Qué secreto es tan importante para vencer las barreras de la muerte?. El hombre se aproxima, está inquieto porque yo estoy parada. Me mira, interrogante. Pero ahora estoy ocupada, porque se que este aullido que me desgarra contiene un secreto que debo desvelar y no tengo tiempo.

Estoy seguro de que si no es por lo cuidados de esta bruja, hubiese muerto en mitad del bosque. ¿Qué hace? Es hábil con la espada, me habría vencido aún sin estar herido. Pero lleva un rato parada, su espada está en el suelo y traza círculos sin sentido. me aproximo. ¿Qué quiere? Vamos, mátame de una vez. Me encantaría gritárselo, pero estoy intrigado. Me aproximo un poco más.

Libre. Quiero ser libre. Libre para no deberle nada a nadie. Libre para no sentir que este odio que me consume y me corroe. Libre para reinar sobre mis propios sentimientos. Vamos, ven. ¡Tú vas a liberarme!. ¡Mírame a los ojos!. Clava esa espada en mis entrañas y líberame de un mundo que me somete y que no comprendo. Ese es el secreto de este aullido que me está consumiendo.

¿Qué hace? Clava la espada en el suelo, me mira fíjamente. ¡Oh Dios! Se está rindiendo...

- ¡No!- mi grito no detiene la espada de Gonzalo que se clava certera en el corazón de Isabel. Juraría que una sonrisa cruza la cara de la mujer, antes de caer muerta al suelo.
- ¿Qué ha ocurrido Pablo? -la voz de Jesús me obliga a volverme.
-Gonzalo ha matado a Isabel, ella se ha dejado vencer -el gemido de la madre del duque paraliza el resto de la frase.
- ¡Una mujer inteligente, si señor! -Jesús se ríe - y yo le estaré eternamente agradecido -le miro sin comprender- muchacho, ahora nadie sabe dónde está la mujer de los símbolos, Isabel la debió esconder vete tú a saber dónde....-ahora comprendo lo que Jesús quiere decir, pero estoy seguro de que esto no ha sido lo que ha movido a Isabel.

martes, 31 de agosto de 2010

IUS XIV

- Majestad -el primero en reaccionar el es duque. Los demás nos volvemos con cierto temor hacia la puerta. Ahí está ella. La reina. Su capa granate realza su figura. A mi lado Bernardo deja escapar un suspiro pero mis ojos están fijos en Isabel.
- Duque Víctor -la reina espera paciente que el duque recorra los pasos que los separan. Luego acepta su breve y temerosa reverencia. La reina mira hacia la madre del duque - Antonia -pronuncia su nombre con tono sombrío.

- Sed bienvenida a nuestro humilde castillo -la madre del duque, Antonia, no se mueve ni un solo milímetro. Todo su cuerpo denota provocación.

- Bien, esta no es una visita de cortesía -la reina aparta de su trayectoria al duque y mira con ira a Isabel - alguien se ha llevado algo que me pertenecía y vengo a recuperarlo.

- ¿Y de que se trata querida, te han robado uno de tus célebres vestidos? -Antonia, la madre del duque, se ríe sin control. El resto de la estancia permanece en silencio.

- Soy la reina -el enfado de la soberana va en aumento, pero no aparta los ojos de Isabel.

- Eso ya lo has dicho -Antonia se interpone entre las dos mujeres, protegiendo con su cuerpo la delgada figura de Isabel.

- Soy tu reina y me debes obediencia - el cuerpo de la soberana parece crecer por encima de todos los presentes. Noto la admiración de Bernardo y la la indignación de la madre del duque.

- Soy vieja, querida ¡ya no debo obediencia a nadie! -las carcajadas de Antonia indignan mucho más a la reina. Presagio un enfrentamiento pero mi mente evoca el recuerdo de la luna delgada tatuada en el hombro de Clara. Amenaza, la luna significa amenaza. Jesús a mi lado permanece quieto y expectante.

- Víctor, si no te encargas de tu madre daré orden a mi ejército para que derribe este castillo contigo dentro. De hecho si no salgo de aquí antes de media hora, lo harán de igual manera -el tiempo se paraliza, creo escuchar un prolongado suspiro por parte del duque pero mi cabeza está invadida por esa luna delgada, esa luna que significa amenaza. Estoy seguro que nuestro Señor misericordioso pondrá orden en este caos - ¿Por qué me has traicionado? -el tono de la reina cambia, el duque retira a su madre e Isabel se queda sola defendiéndose de la terrible mirada regia - Creía que podía confiar en ti ¿por qué? -el rostro de Isabel es impenetrable, no la he visto inmutarse. Observa, como lo haría una animal invadida de un silencio que me parece terrorífico. En sus ojos campa el mismo vacío que me ha congelado el alma.

- Para mi gusto, ella debería haber sido la reina. Pero tu padre era un ser voluble....

- ¡Madre! -el grito del duque toma por sorpresa a su madre, que calla sorprendida. Trato de asimilar la información que acabo de recibir.

- ¿Sabes Víctor? Debería haber acabado con tu madre hace mucho tiempo. Yo era la hija mayor del rey y por tanto yo debía reinar -la cara de la reina se torna pálida - Espero que mi madre haya purgado sus pecados, yo no puedo ser condenada por ellos. Y por tanto ¡yo debía reinar!.

-Cuando nació Isabel, fruto de la unión de tu padre con su segunda esposa, un rumor se extendió por todo el reino, un rumor más poderoso que el aire que respiras...¡tu padre deseaba que ella reinara! Sus cualidades eran superiores a las tuyas, en todo -el duque trata de refrenar la lengua de su madre, pero es tarde. Mis oídos no dan crédito a lo que acabo de escuchar. ¡Isabel es la hermana de la reina! Trato de recordar.... ¡todos creíamos que murió ahogada en un río! Durante años se rezaba por su alma cada año, el quinto día del mes de mayo...

- ¡Basta! -la reina lanza una mirada de odio al duque y su madre pero se dirige a Isabel - te salvé la vida ¡me lo debes! ¡Dime dónde está la mujer!

- Ya no te debo nada -la voz de Isabel suena tan vacía como su mirada.

- ¡Me lo prometiste! -la reina coge con ansiedad el brazo de su hermana, pero Isabel se sacude la mano.

- Ya no te debo nada.

- Pero.... -la reina no da crédito a lo que está escuchando, la sala está paralizada, pero de fondo se puede escuchar la risa de Antonia, la madre del duque.

- No sigas, no lo intentes. ¿No ves que te ha traicionado? Maté a su perra en el bosque porque sus aullidos podían delatarnos y desde entonces ha perdido el poco juicio que le quedaba -Bernardo se dirige hacia su reina y ella lo mira durante unos instantes sondeando lo más profundo de sus sentimientos.

-¿Qué hiciste qué? -un sonoro bofetón resuena en toda la sala, la reina descarga toda su fuerza en la mejilla de Bernardo -¡imbécil!

-Era lo mejor para llegar sanos y salvos al castillo ¡es lo que me pediste! -las súplicas de Bernardo son en vano.

- ¿Y me castigas por su culpa? -la reina vuelve a dirigirse a Isabel -Este debe ser mi sino, cargar con las culpas de los demás. ¡Dime que quieres! Y te lo daré sin dudar.

- Lo quiero a él -la mano de Isabel señala a Bernardo, que pese al bofetón la mira con soberbia.

- ¡Ni lo sueñes bruja! -trata de acercarse a ella, pero la propia reina se lo impide.

- Hecho. Es tuyo. Fuera de este castillo me dirás que has hecho con la muchacha -la reina no vacila en contestar.

- Pero ....- la voz de Bernardo parece más un lamento.

-¡No quiero escuchar ni una sola palabra! Yo soy la reina -la voz suena impetuosa y el gemido de Bernardo reemplaza la risa histérica de Antonia, que parece perdida en sus cavilaciones.

- Vamos, salgamos de aquí cuanto antes -la reina señala la puerta a Isabel y luego me mira a mí.

- Un momento, querida -la madre del duque se acerca - Verás, suponiendo que te dejemos llevarte al monje que ha sido apresado en nuestras tierras....a quién no te llevarás es a él -la mano huesuda de la mujer señala a Jesús, el Trenzador - es siervo de nuestras tierras y por tanto nos pertenece.

- ¿Y qué tiene eso que ver conmigo? -la reina mira a la mujer con curiosidad.

- Él es el hombre capaz de descifrar el secreto, querida. ¡Caprichos del azar! Conseguí apresar al visionario que murió sin soltar prenda... en cambio he retenido durante años a este infeliz sin saber muy bien por qué.... y resulta que ¡es él! -la madre del duque emite un alarido en señal de victoria. La reina se apoya en el brazo de su hermana. -Tendremos que negociar, pero mientras resolvías tus diferencias he pensado una alternativa.

-Di -es Isabel quién contesta.

-¡Resolvamos en combate singular! Mi hijo propondrá un caballero para batirse en duelo y tú, por tu parte, propondrás otro. En la explanada que hay frente al castillo ¡qué sea el azar justo juez de nuestra disputa! quién venza se llevará las claves de todo este galimatías -la mujer parece seria.

-¿Me queda otra alternativa? -la reina parece abatida. La mujer niega con la cabeza.

- Vamos, nombra caballero para combatir por el secreto -la mujer muestra sus encías desdentadas a la reina -es lo menos que podemos hacer siendo tú nuestra invitada...

-Yo combatiré. Terminemos de una vez con esto -Isabel vuelve a contestar, su hermana asiente.

-Buena elección -la madre del duque se ríe - permitidme que os presente a quién será vuestro contrincante... ¡Gonzalo! -nuestro compañero de viaje ha permanecido mudo durante todo este tiempo. La voz nos causa una tremenda impresión, pero como buen soldado, da un paso al frente -¿lo conocías? -las pupilas dilatadas de Isabel están invadidas por el horror -luchará por el secreto y por su propia vida....

jueves, 26 de agosto de 2010

IUS XIII

-Largo es el camino que conduce al infierno -la voz de Jesús ha cambiado, me recibe desde el patio. Tengo urgencia en verlo, pero más urgente me resulta tomar aire. La entrevista con la madre del duque me ha sofocado más que la estancia en lo calabozos. Tomo aire. Junto a Jesús están Bernardo y Gonzalo. Algo en el rostro de Bernardo llama mi atención.
-Lleva así un buen rato, no puedo sacarle ni una palabra -Gonzalo viene a mi encuentro y me toma del brazo- Nos cruzamos con un reo camino del calabozo, cuando a nosotros nos soltaban y desde entonces está en este estado. Ni habla ni entiende -Trato de aproximarme a Bernardo, pero la voz de Jesús me retiene.
-¿Pablo? -vuelve la cara hacia mí. Alguien se ha encargado de limpiarlo. Ahora presenta un aspecto humano. No logro acostumbrarme a verle con los ojos cegados.
-Si, Jesús, estoy aquí -me acerco a él y me toma el brazo.
-Desde que uno de los guardias ordenó cegarme.... mi olfato se ha agudizado, aunque debo confesarte que tras años de cautiverio este olor a ira me desconcierta -esboza una sonrisa -lástima que no pueda verlo... ¿Dónde has estado muchacho?
-Me mandó llamar la madre del duque.
-La bruja -noto como todo el cuerpo de Jesús tiembla.
-Para hablar de los símbolos inscritos en el hombro de la muchacha. Ellos creen que se trata de un mensaje oculta, una ley no...
-...escrita, Ius non scriptum -la voz de Jesús me sorprende- compartí un tiempo de mi cautiverio con una anciano, un visionario. Lo encerró la bruja porque se negaba a darle más detalles sobre la profecía... no es que el hombre no quisiera hacerlo, Pablo, lo torturaron de todas la maneras imaginables.... es que... simplemente ¡no podía! Sus visiones iban y venían y sinceramente muchacho, hasta que has aparecido yo siempre pensé que eran chifladuras.
-¡Qué extraño es todo esto! -Gonzalo nos sigue y asiente, Bernardo sigue ausente en una rincón del patio.
-Dime Pablo, ¿cuál es el símbolo que recuerdas? -Jesús gira la vista hacia mi, como si en realidad pudiese verme.
- Una luna, una luna delgada. -El recuerdo del hombro plagado de símbolos negros vuelve a provocarme un escalofrío. Los ojos del Clara me acompañan a la noche en que la vi por primera vez.
- La luna, significa amenaza, una amenaza -miro instintivamente hacia arriba y me parece que un par de ojos se ocultan raudos, para evitar nuestra mirada indiscreta.
- Jesús, la madre del duque tiene la intención de que ambos traduzcamos los símbolos. Yo seré tus ojos -Jesús se para en seco.
-No pienso hacerlo, pueden matarme en este mismo instante, pero no lo haré -aprieto el brazo de Jesús y trato de separarme unos pasos de Gonzalo.
-Vamos, Jesús, ¿qué puede contener un mensaje escrito en el hombro de la mujer?-Jesús se niega a avanzar y ahora formamos en grupo, con Gonzalo en medio.
-No tengo la intención de averiguarlo. No haré nada para satisfacer a esa mujer. Me ha encerrado en esa mazmorra, me ha torturado y ahora descubre la razón. ¡Y no sabes cuanto voy a disfrutar dejándola con la duda!-Jesús se ríe.
-¡Te matará!- trato de que entre en razón.
-Lo hará de todas formas y te aseguro que eso no es lo peor que me ha pasado -vuelve a reírse.
-Y también a ellos -señalo a Gonzalo y Bernardo.
-¡Por eso el duque no ha ordenado mi ejecución! -Gonzalo me mira. -Soy un desertor de su ejército, me hubiese ajusticiado de inmediato...
-Pues ese momento no ha hecho más que demorarse, joven. No pienso ayudar a esa mujer y creedme, es lo mejor -Jesús baja la cabeza pero Bernardo, que ha vuelto en sí, se acerca rápido.
- Lo harás, les dirás todo lo que quieran saber ¿vas a dejarnos morir? -Bernardo se abalanza sobre Jesús.
-¡Basta! -impido que los largos brazos de Bernardo alcancen a Jesús -¿qué pasa Bernardo?
-No gran cosa, monje -su ira contenida me sorprende -¿quién era el joven que os acompañó hasta el castillo de la reina?
-¿Jacobo? Pues, no lo sé, lo encontramos y se ofreció a guiarnos... pero ¿qué tiene que ver eso, Bernardo? -lo miro, está nervioso, Gonzalo trata de mediar, pero puedo notar el aliento de Bernardo.
-Ya. Pues lo llevaban a las mazmorras del palacio ¡fue a él a quién nos cruzamos!-la sorpresa se pinta en mi rostro.
-Pero ¿qué hace aquí? Estaba retenido junto a Anselmo y la chica.... yo ¡no entiendo nada! -miro a Gonzalo y Bernardo.
-Yo tampoco -Bernardo no se tranquiliza pero su ataque de ira parece aplacarse.
-¿Se puede saber que está pasando?-La voz de Jesús se ve interrumpida por el sonido de los pasos de varios soldados que llaman nuestra atención.
-El duque quiere veros -nos obligan a subir por unas angosta escaleras, las mismas que he recorrido para llegar al patio y nos conducen a lo que debe ser un salón de audiencias. Junto al duque está su madre, con una mano puesto sobre el hombro de su hijo. Parecen tranquilos, incluso podría asegurar que contentos....
-Pasad -el duque se levanta de su trono, desasiéndose de la mano de su madre -Creo que por fin ha llegado el día ¡hoy resolveremos este acertijo que nos corroe!
-Años de espera, años de búsqueda. He vagado ciega, entre brumas. Pero ahora todas las piezas de este rompecabezas están ante mí -la madre del duque solloza de alegría. Monje ¡tú serás sus ojos! y juntos desvaneceréis este velo que nos separa del conocimiento.
-Señora, no tenemos a la chica, ya os lo dije antes -mi voz suena opaca.
-¡Oh! Olvidé mencionarlo, la chica ha venido a mí -miro estupefacto a la mujer y al duque, que parece respirar como si le hubiesen liberado de un tremendo peso. Mis ojos buscan, mis oídos permanecen abiertos como si quisiera extraer la respuesta de los muros del palacio. Durante unos instantes que me parecen eternos solo escucho la respiración entrecortada de Gonzalo. Y de pronto, de una de las esquinas de la habitación surge una sombra negra, una figura delgada cubierta por una inmensa capa. Antes de que comience a hablar, el gemido de Bernardo confirma mis sospechas.
-No olvidéis vuestra promesa -un mechón rojo se escapa por debajo de la capucha y la mujer opta por quitársela totalmente. Isabel, la mujer del pelo rojo permanece de pie, en mitad de la sala de audiencias.
-Claro que no, pequeña, pides muy poco por tan valioso tesoro -la madre del duque la mira con el deseo prendido en sus pupilas. No puede ocultar que sentirse tan cerca de la respuesta que lleva buscando años la convierte en un ser voluble -Puedes quedarte con los dos si ese es tu deseo -presurosa se acerca y toma del brazo a Bernardo y a Gonzalo.
-No, solo me interesa él -Isabel roza el rostro de Bernardo, como lo haría un animal a punto de embestir, pero se frena y retira. Bernardo cae de rodillas, como fulminado. Siento una inmensa compasión por él pues desde aquí percibo la necesidad de venganza de Isabel- No volveré a entrar en el castillo, traeré a la chica hasta la puerta y es aquí dónde debéis entregármelo -vuele a cubrirse la cabeza con la capucha y cruza la sala.
-¡No lo hagas! -la agarro del brazo con fuerza cuando pasa a mi lado y ella se vuelve a mirarme. Lo que observo en sus ojos me deja petrificado: vacío. No tiene dificultad en seguir su camino, pero justo en la puerta una voz la detiene, una voz aguda, histriónica, una voz inolvidable...
-Yo soy la reina.

miércoles, 25 de agosto de 2010

IUS XII

- Soy un cantamañanas, un vividor, remiendo el mal de amores y a veces, cuando estoy inspirado compongo hermosos versos -la larga trenza de Jacobo cae sobre su hombro izquierdo. Él juega con ella mientras se mira en una de las ventanas del palacio del duque. Un ruido tras él le alerta y se vuelve raudo.
- ¡Jacobo! ¿Has escapado del palacio de la reina? ¡Inaudito! -la mujer del pelo canoso, la madre del gran duque Víctor se acerca hasta que Jacobo puede notar su respiración en la nuca.
- Os dije que no os decepcionaría, señora -Jacobo se vuelve, tranquilo -¿Recibisteis mi mensaje?
-Si, si, ¡apresé al monje y al hombre que venía con él.....
-Es el consejero de la reina, Bernardo -Jacobo mira a la mujer con una sonrisa burlona -supongo que eso os traerá problemas -la mujer no contesta -No tuve tiempo de escribir un mensaje más extenso...
-Ahora tendré que explicárselo a mi hijo. Las explicaciones no son buenas, Jacobo, no lo son. Nos colocan en una posición débil -la mujer mira al joven que sigue jugando con su pequeña trenza dorada.
- Eso no es cosa mía, señora. Yo solo soy un vividor y ahora espero mi recompensa. -Jacobo tiende su mano. Su vestimenta está inmaculada, nadie podría decir que ha cabalgado la distancia que separa ambos castillos.
- Lo sé, lo sé. Pero aún no te irás de mi lado. Presiento que puedes ser útil -la mujer se aproxima a Jacobo y extiende sus manos blancas y huesudas. Jacobo trata de dar un paso atrás, pero la mujer posa sus manos con fuerza sobre los hombros del muchacho, como lo haría una bestia con su presa. Ahora es ella quién ríe.
-No, ¡estáis confundida! Yo no puedo serviros de nada ¿que más podría hacer este pobre catamañanas por vos, señora? -el lenguaje de Jacobo hace que la mujer lance una sonora carcajada.
-Es algo que descubriremos juntos, muchacho -la mujer empuja a Jacobo hacia la puerta- te trataré espléndidamente...
-Señora, temo que debo insistir, yo no puedo serviros de ayuda...
-No es eso lo que me ha dicho el hígado del cerdo que acabo de sacrificar -la locura vuelve a poseer la mirada de la mujer; sus arrugas parecen más profundas -las vísceras me susurraron este secreto y ¡siempre les hago caso! -la mujer abre la puerta y empuja fuera a Jacobo -¡llevadlo a las mazmorras y traedme al monje! -el grito de Jacobo se pierde en los pasillos del palacio, la mujer se ríe.
Mis pasos resuenan en el suelo blanco del palacio del duque. Casi echo de menos el olor nauseabundo de las mazmorras, el abrazo de Jesús, el trenzador, la presencia incómoda de Bernardo y el miedo de Gonzalo. Los dos soldados que me apresan y me guían abren ante mí una puerta. Entro y ellos se desvanecen tras de mí, entre las sombras del palacio.
-Pasa, monje -la voz de la mujer canosa me vuelve a sorprender. Bernardo me ha dicho que es la madre del duque y que en realidad su hijo no es más que un títere en sus manos. De Jesús se la opinión: es su verdadera torturadora. La causante de su encierro que debe durar años. La observo unos instantes. Se parece a su hijo. Su figura es colosal y en algún momento de su vida debió ser hermosa. Ahora su expresión ausente denota que la locura ha consumido todo atisbo de belleza y bondad- Quiero ahorrarte una conversación demasiado larga.... supongo que la mujer cubierta de símbolos está en poder de la reina -asiento. El silencio invade la estancia y reuno el valor suficiente para hablar.
-Señora ¿dónde está Jesús, el Trenzador? -mi voz parece traerla de una realidad que no es la mía.
-Si..sí, tu amigo,el trenzador ¡poble diablo! Lleva encerrado en esas mazmorras siete años... -no parece percibir mi grito - pero ¡no sabía que hacer con él! -se ríe -debía conservarlo con vida y decidí meterlo allí abajo y luego... con el paso del tiempo.... ¡se me olvidó! -la mujer mira por la ventana poseída por un verdadero ataque de risa. Dios, Dios todopoderoso, he ante mí a una verdadera bruja a una mujer poseída por el espíritu del maligno - Cuando he bajado esta mañana con mi hijo y he escuchado la conversación que manteníais... entonces me he acordado de él -la mujer se acerca a mí y me huele -¿qué es eso, compasión? -me pega una bofetada.
-Si, señora, siento compasión por ti. Pero Dios es misericordioso y si te arrepientes abrirá para ti las puertas del cielo...
-¡Por mí pueden quedarse cerradas! -noto sus labios pegados en mi oreja y un cosquilleo me recorre todo el cuerpo -dios no existe, pequeño e insignificante fraile.
-¡Oh! -mi suspiro no consigue frenar su ataque de locura.
-En su nombre se han cometido asesinatos, violaciones, perversiones que mi propia mente es incapaz de imaginar... y puedo asegurarte que eso es difícil. En su nombre se han arrasado tierras enteras, familias enteras, vidas, ¡vidas, fraile! ¿Crees que me preocupa que me perdonen mi pequeño olvido? No, no... si yo fuese dios estaría preocupado porque me perdonasen mis faltas, pues son infinitas.....-mi cuerpo se arquea, caigo de rodillas -¿vas a rezar? Pues reza, reza fraile. Reza para que perdonen todas las atrocidades cometidas en nombre de dios. ¡Vamos, levanta hombre de dios!
-Qui...quiero, yo...-no sé que decir.Las palabras de la mujer han caído sobre mí con el peso que solo poseen las verdades. Llevo años copiando libros, traduciendo manuscritos, ayudando a conservar las ideas robadas a las civilizaciones que sepultamos en el nombre de Dios. Pero a veces ciertos sacrificios son necesarios. Miro a la mujer, que se ríe.
-Vamos, es necesario que hablemos sobre el asunto de la ley que custodia el hombro de esa mujer -trata de posar su mano en mi hombro, pero me deslizo rápido y no le doy opción.
-¡No me toques! -la miro con miedo .
-Eso, hermano, haz lo mejor que sabéis hacer. Huir de lo que desconocéis y aniquilarlo -me parece observar un suspiro de tristeza, pero debe ser una impresión. Los ojos de la mujer se encienden en ira- ¡Serás los ojos del Trenzador! Eres el más apropiado para describirle los símbolos en el cuerpo de la muchacha.
- ¿Por qué habría de ayudarte? -escupo las palabras con cierta satisfacción.
- Pues porque si no lo haces mataré a todos tus amigos -la mujer ríe -¿a qué no esperabas menos de mí? -su risa me provoca repugnancia, pero ella tiene a Jesús, a Gonzalo y a Bernardo. No puedo permitir que mueran y al fin y al cabo el mensaje oculto en el hombro de Clara no puede contener más que palabras. Tengo ganas de terminar rápido.
-¿Y la muchacha? -mi voz parece coger por sorpresa a la madre del duque.
-No... no había pensado en ella -se dirige a la ventana, abatida -supongo que tendré que negociar con la reina....
A veces creo escuchar el eco de las pisadas de la loba tras mi caballo. La rescaté siendo un cachorro y desde entonces se dedicó a seguirme, como si fuese un perro. No puedo recordar las veces que salvó mi vida, las veces que lamió mis heridas y las veces que me previno de todos los peligros conocidos. Venganza, ¡venganza! mi sangre clama venganza. Enterré el cuerpo aún caliente de mi amiga y cuando apenas acababa de sepultarla esta idea que me ha poseído por completo, comenzó a tomar forma....

martes, 24 de agosto de 2010

IUS XI

- "Cortos los caminos que conducen al infierno" -una voz ebria me despierta. Me duele la cabeza, la toco y compruebo que está llena de sangre ya seca. A mi alrededor apenas hay luz, pero mis ojos están acostumbrados a trabajar en espacios que carecen de ella. Eso no me pone nervioso, pero el hedor que me rodea me da nauseas.
- ¡Por fin! -la voz de Bernardo hace que me reconforte, pero al recordarlo con el arco recién disparado, mis rodillas tiemblas -pensé que estabas muerto -justo a mi lado Gonzalo está despierto, acurrucado en una esquina, con la cabeza entre sus manos.
- ¿Dónde....-mis ojos miran alrededor buscando la cabellera rojiza de la mujer que ahora sé que se llama Isabel.
- ¿Dónde está Isabel? -Bernardo ríe - Huyó con la misma rapidez que lo hubiese hecho su perra -no se atreve a mirarme, pero se ríe de una forma extraña y sórdida.- Me matará en cuanto me encuentre, así que casi prefiero estar aquí.
- ¿Por qué mataste al animal? Si no lo hubiese hecho probablemente no estaríamos aquí -mi voz retumba dentro de mi cabeza.
- Pensé que sería justo al contrario. Cualquier que hubiese estado siguiéndonos lo habría tenido muy fácil ¿no crees? -no puedo negar esa evidencia, pero mi cabeza formula una pregunta que tardo rato en escuchar.
-¿Cómo sabías que nos seguían? Dormías cuando ella me lo dijo -lo miro fijamente, vuelve a reír.
-¿Dormir con Isabel a mi lado? Imposible. Es probable que respete la vida de la reina, pero no la mía... en cierta manera me culpa -lo miro expectante, Bernardo se calla. Gonzalo parece estar aturdido y ajeno a nuestra conversación, pero sospecho que el silencio de Bernardo se debe a su presencia.
- ¿Estás bien? -me acerco a Gonzalo, la herida de su brazo parece estar mucho mejor, puede moverlo. Dios me perdone, pero las hierbas que Isabel ha aplicado en su brazo han funcionado.
-No -Gonzalo me mira -el duque me matará apenas me vea. Yo estaba a su servicio y ahora.... ¡maldito el día en que se nos ocurrió aceptar vuestra oferta! -mira a Bernardo con ira.
-"Corto es el camino que conduce al infierno" -otra vez esa voz ebria. Me pongo en pie y busco, la oscuridad ya no tiene secretos para mí... estamos en las mazmorras de un palacio, de eso estoy seguro, y justo al fondo se insinúa tímida la figura de un hombre. La voz proviene de él y yo me acerco - "Cortas las veredas para perderse dentro de el" -el hombre sigue tratando de entonar una canción.... el olor se hace cada vez más repugnante y la suciedad que cubre a ese ser me hace temer que no sea humano - "Corto es el destino y la vida del que sirve" -al presentirme, su voz cesa - ¿Me traes vino? -trata de alzar la vista, pero apenas puede sostener la cabeza sobre sus hombros.
-No, soy el hermano Pablo. Me han traído a estas mazmorras, aún ignoro la razón.... ¿dónde estamos buen hombre? -una risa ahogada me sorprende. El hombre abre una boca sin dientes y creo que voy a desmayarme a causa del mal olor que emana.
- ¿Buen hombre? No, hermano, yo no soy un buen hombre. Soy un demonio. Quizás me ahorquen mañana, o tal vez lo hagan pasado....estás en el castillo del duque Víctor y yo soy uno de sus presos -el hombre parece animarse y estar sediento de compañía y conversación.
- ¡El duque Víctor! -Bernardo se sorprende y trata de acercarse, pero yo le detengo.
-¿Cuántos sois? - el hombre parece más arisco al darse cuenta de que no estoy solo.
-Somos tres -trato de acercarme más, pero mis escrúpulos me lo impiden -yo soy el hermano Pablo y vengo en compañía de Bernardo, un hombre de la reina y de Gonzalo, un caballero sin señor -sonrío al pensar en mi presentación. El hombre duda, pero su sed de compañía es muy intensa.
- Un hombre de la reina ¡ojalá lo ahorquen antes que a mí! -el hombre vuelve a reírse, creo que voy a vomitar... pero le pido a Dios que me de fuerzas-
-¿Cuánto tiempo llevas aquí? -mi voz tiembla.
-Hace tiempo que perdí la cuenta. Cuándo aún la llevaba conté dos años desde mi encierro -el hombre suspira - ¡si dios existiese, hermano, me habrían matado el primer día!
-Es extraño que no lo hayan hecho -la voz de Bernardo suena a mis espaldas -el duque Víctor es conocido por no conservar a sus prisioneros demasiado tiempo...
- Pues a mí debe tenerme un cariño especial -el hombre se ríe con ganas - o al menos me lo tiene su madre...
- ¿Quieres decir la madre del duque? -mi voz trata de ser amistosa.
- Si, esa bruja. Es la que ha decidido perpetuar mi cautiverio hasta la eternidad..."largo es el camino que conduce al infierno" ¡ja! -el hombre parece sollozar.
-Si la llamaste bruja no me extraña que no te dejen salir -Bernardo se acerca cada vez más.
-No, no hablo con ella. -el hombre parece recobrar la cordura - Pero todo el mundo sabe que es una bruja. Consulta el destino en las vísceras de los animales, conoce todos los sortilegios del viejo mundo y dicen que solo se alimenta de la sangre de los adversarios de su hijo -el hombre ríe -aunque por supuesto, yo no creo nada de eso...
- No, claro que no -la sola idea de imaginar que exista un ser así, me horroriza, miro a Bernardo pero él está tranquilo.
- Creo que está loca. Un día se plantó en la puerta de esta mazmorra y le dijo al duque que no me ejecutara, que un día le daría buen servicio... pero que no sabía cuál ni porqué -el hombre vuelve a sollozar. Su voz comienza a resultarme familiar. Debe ser que llevo un rato escuchándolo.
-¿Pero... cuál fue tu delito? -Gonzalo también se ha acercado.
- Entré en este palacio con la firme intención de matar al duque, señor -el hombre trata de mirarnos, pero no puede. Su voz se ha vuelto más firme y pausada. Mi mente se invade del sonido de esa voz, esa voz que me distrae, que me recuerda....-fue una mañana, ¡pedí audiencia con él y... me la concedieron! -puede que sea algún viejo conocido del monasterio. Por allí han pasado soldados, barberos, labradores, comerciantes....-yo pertenezco a una aldea perdida en la zona sur del país -pescadores, maleantes, enfermos, ladrones...- yo vivía en aquella aldea, que pertenece a este ducado, pues como bien sabéis somos esclavos de las tierras que labramos -el hombre se ríe, su voz pertenece a alguien sepultado en lo más profundo de mi memoria - tenía un par de hijos y una mujer.Pero un buen día me llamaron para servir en el ejército del duque "debes acudir a su llamada, o morirás" ¿Soldado yo? -la risa del hombre me devuelve a las mañanas de cuando yo era niño - Si, me hicieron soldado, soldado para librar una batalla en nombre de dios ¡maldito dios, yo lo maldigo! -su risa me atormenta, pero no puedo articular palabra, recuerdo aquella casa - y yo regresé de la cruzada para imponer un dios en el que no creo pero ¿quién me devuelve a mis hijos? -la voz de Jesús el Trenzador se me clava en el alma, al igual que lo hizo el último aullido de la loba.
- ¿Jesús? - apenas me sale la voz del cuerpo.
- ¿Cómo sabes mi nombre? -mi llamada ha detenido los sollozos de Jesús, el trenzador de mi aldea. Labraba la tierra y trenzaba los juncos de la ribera de nuestro río, con tal maestría que era conocido por ese nombre en toda la comarca.
-Soy yo... soy Pablo, el sobrino de....-no me he dado cuenta, pero estoy de rodillas frente a Jesús y él ha conseguido erguir su cuello y mirarme a los ojos. Es cuando me doy cuenta de que lo han cegado y que no puede ver.
-¡Pablo! El niño al que le gustaba escuchar mis historias de la guerra, del oriente, como tú las llamabas -un esbozo de sonrisa surca el rostro de Jesús.
-¡Si! -mis lágrimas me impiden hablar con claridad.
- ¿Y se puede saber cómo te has metido a monje? ¿es que no te he enseñado nada? -Jesús ríe.
-Jesús ¡íbamos en tu busca! -me siento a su lado y cojo sus manos -hace unos días una mujer apareció en el monasterio con unos símbolos tatuados en su hombro. Pude reconocer uno, uno en forma de luna y me acordé de que tú sabías interpretarlos...
-¡Imbécil! -una voz de mujer nos interrumpe. - Te dije que no debías hacerle daño, pero tú lo cegaste. ¡Maldito idiota! -mis ojos atraviesan los barrotes de la mazmorra y observo a una mujer canosa acompañada de un hombre fornido y alto -¡Este es el hombre que podía interpretar los símbolos! -su dedo señala a Jesús el Trenzador, pero él no puede ver nada....

lunes, 23 de agosto de 2010

IUS X

-Es un tiempo raro, un tiempo de cambios. Lo presiento. Y es por eso que necesito apoderarme del mensaje y de quién sea capaz de descifrarlo. -Una mujer canosa se apoya en el alféizar de la ventana de un hermoso palacio. La edificación es antigua y la erosión de la lluvia ha trazado en su fachada surcos similares a las lágrimas. En toda la tierra se le conoce por esta característica y por la dureza del duque Víctor, su dueño. - Ese monje debe ser su portador o al menos puede darme alguna pista...
- ¿Estás segura? -la voz poderosa y grave del duque lo invade todo. Es un hombre alto, fornido, con el pelo levemente ondulado y un mentón fuerte que denota determinación y voluntad.
- El mensaje fue claro "el monje tiene la clave". Mi confidente no pudo escribir mucho más en la nota que trajo la paloma mensajera... pero en cuanto me dijiste que un monje acompañado por un hombre recorría nuestras tierras ¡supe lo que debía hacer! -la mujer se vuelve, su cara está surcada por las arrugas, pero sus ojos grises denotan un leve atisbo de locura.
- Los cinco hombres que mandaste a por tu monje están muertos. Y ahora espero que los que hemos mandado a vigilarlos, regresen con vida- el hombre mira a la mujer y apura su copa repleta de vino- no entiendo por qué te hago caso.
- ¡Aprésalos! -la mujer se acerca al hombre y pone sus manos sobre sus hombros. El hombre se estremece - Eres Víctor, duque de estas tierras.
- ¡Imposible! Son hombres de la reina -el hombre se retira con suavidad de las manos que lo apresan.
- Esto tú no lo sabes -la mujer se enfrenta a él.
- Si, claro que lo sé, me lo has dicho tú -Víctor, el duque, se dirige a la ventana.
- Pero no tendríamos porqué saberlo. ¡Aprésalos! Me haré con el monje de una manera fácil y limpia -la mujer se ríe, le faltan varios dientes. Ahora la locura ha invadido por completo su cara.
- No. No quiero problemas. Son tiempos difíciles. Mis siervos huyen de las tierras, corren libres a refugiarse en esos nuevos lugares que llaman burgos. Reclaman cartas de libertad y olvidan las tierras a las que estaban sometidos. Cada día huyen cientos y no creo que tardemos en observar las tierras desiertas... no voy a enfrentarme a la reina, ¡no lo haré! -el duque se ha levantado y ha dejado su copa sobre una mesa, con mucha violencia -además ¡no entiendo porqué sigo escuchándote!
- ¿Y si ese monje tuviese la clave para frenar lo que está ocurriendo? -la mujer se expresa casi en susurros y sus inmensos ojos consiguen tranquilizar al duque - La profecía habla de una ley no escrita "ius non scriptum", capaz de desintegrar el mundo tal y como lo conocemos...
-Ya está desintegrado, no quiero que el proceso se acelere. Además, estoy harto de tus chifladuras. ¡Profecías! Si realmente existiese la justicia, la reina y tú deberíais ser quemadas en la hoguera que purifica el alma de esas impías. -el duque emite una risa amarga.
- Víctor, no seas necio. Si el mensaje tiene la clave para desintegrarlo, también la tiene para reintegrarlo... para volverlo a su estado original. Y quiero poseer la información antes que la reina, eso nos dará una inmensa ventaja sobre ella -la mujer se ríe como una niña.
- ¡Ya! - el duque mira a la mujer que toma asiento en la mesa y bebe un sorbo de la copa de vino.
- Información, querido Víctor, información....-la mujer sigue bebiendo - ese es el verdadero poder. Quién no conoce vaga ciego en tierras llenas de bruma... pero quién conoce Víctor, quién posee información pasea por tierras soleadas y no titubea al recorrer el sendero....
- Si, ya, ya ¡muy bonito! -la mujer se acerca al duque y le susurra en el oído.
- ¡Aprésalos! -el duque titubea, arranca la copa de vino de las manos de la mujer.
- ¡No sé porqué te hago caso! - la risa de la mujer confirma sus victoria. El duque se deja caer abatido en su silla.
- Porque soy tu madre, Víctor.
El aullido de la loba lo inunda todo. Rompe el tiempo y el espacio. Hiere los oídos y los sumerge en miedo. El aullido de la loba me ha petrificado. Mi ira se ha convertido en vértigo y no soy capaz de mantenerme en pie.
- ¡Haz que se calle tu perra! - de pie, Bernardo acusa con el dedo a la mujer de pelo rojo. Pero ella no está escuchando, se acerca a la loba y parece olfatear a su alrededor.
-¿Qué estás viendo? - un segundo aullido más intenso me confirma que el animal está viendo algo que nosotros somos incapaces de detectar. La mujer habla con ella, pero el animal está poseído por su instinto, ese que le dice que está a punto de suceder algo...un gemido hace que me vuelva hacia dónde está Gonzalo. Parece desorientado, me dirijo hacia él, para prestarle ayuda.
- ¡Haz que se calle! -Bernardo ruge furioso. El consejero de la reina está más pálido de lo normal y gotas de sudor le cubren la cara. La mujer se mantiene a un paso de la loba, mira nerviosa a su alrededor, tensa su cuerpo, se invade del terror del que no puede ver... del que desconoce el peligro que le acecha...
- Nos estaban vigilando, eran tres, de eso estoy segura. Pero ella no estaba nerviosa -dirige su mirada oscura hacia mí.
- Quizás han decidido atacarnos....- es lo único que se me ocurre decir. Un tercer aullido lo invade todo, incluso mis pensamientos. Cierro los ojos pero por encima de ese sonido ensordecedor cargado de miedo, oigo la voz de la mujer.
- Ella no aulla así porque vayan a atacarnos, presiente un peligro aún mayor....- su voz se interrumpe a la vez que el aullido de la loba que queda suspendido en ese instante... para siempre. El animal cae al suelo, abatido por una flecha que le atraviesa el cuello. El silencio es aún más terrorífico que el aullido del animal que ahora yace muerto. La mujer cae de rodillas y emite un grito que me rompe el corazón. Jamás he escuchado un sonido tan triste. No tengo apenas tiempo de levantarme para dirigirme a ella. De un salto recorre los pasos que la separan de Bernardo y cuando miro hacia él compruebo con horror que sostiene en sus manos un arco.
- ¡Voy a matarte! -la mujer se abalanza sobre Bernardo.
- Inténtalo, Isabel - Bernardo la llama por un nombre. Un nombre que debe ser el suyo. Ella titubea un instante, pero luego se recobra.... no puedo observar nada más, alguien me golpea la cabeza. Negro.

viernes, 20 de agosto de 2010

IUS IX


- Muy propio de ti -la mujer de pelo rojo, la que nos ha salvado la vida, se dirige a Bernardo con un rencor frío, pero inmenso -meterte por el bosque cuando has podido hacer el camino a cielo abierto...

- ¡Cállate! -Bernardo pierde los nervios, jamás le he visto en este estado. Mientras, me encargo de vendar la herida que Gonzalo tiene en su brazo izquierdo. No estoy seguro de si perderá el brazo, pues la herida es terrible.
- No tengo interés en hablar contigo - la mujer de pelo rojo se acerca y me hace un gesto, no necesito que me hable, me aparto y dejo que observe el estado de Gonzalo - Monje, si de ti dependiera este hombre estaría muerto antes del anochecer. Voy a buscar unas hierbas...

- ¡Hierbas! -el terror de mi propia voz me sorprende y ella deja escapar una carcajada que me resulta vagamente familiar. La mujer de pelo rojo es hermosa, pero está cubierta de señales y cicatrices que le dan un aire demasiado siniestro.

-Hierbas monje, hierbas. Curarán a este hombre; y no, no me importa lo que digas o hagas, bruja no es lo peor que me han llamado -se aleja y miro interrogante a Bernardo, Gonzalo yace en el suelo, seminconsciente.

- Es... una vieja conocida. Una gran guía aunque está loca -Bernardo también se aleja unos metros y me quedo solo.
Creo que me quedo dormido, pues cuando abro los ojos el sol ya se ha puesto. Gonzalo está perfectamente acostado y su brazo está vendado con una maestría que jamás he visto antes. Su respiración parece rítmica y pausada. Bernardo descansa contra el tronco de un árbol, es difícil saber si está despierto o dormido y mis ojos buscan instintivamente a la mujer del pelo color fuego. Tengo que ahogar un respingo al escuchar una risa sinuosa justo en mi cuello. Me vuelvo y ella me sorprende, muy divertida.

-Vamos monje, has descansado suficiente. -El fuego que hay justo delante de mi provoca un pequeño humo que me entra en los ojos, me escuecen y fruto de esta dolencia debo estar sufriendo alucinaciones pues ¡juraría que hay un lobo tumbado a escasos metros de nosotros, observándonos tranquilamente!. -Es mi amiga, mi compañera.... -la mujer ladea la cabeza y se sienta justo delante de mí - y ahora, monje, habla...

-¿Qué? ¿qué hable? -trato de echarme hacia atrás pero un leve gruñido del lobo me persuade -¡por Dios, dile a ese lobo que se quite de ahí!

-Es una loba, monje y no se irá a ningún sitio. -El rostro de la mujer es serio y sus cicatrices le confieren un aire salvaje - llevo siguiéndoos desde que salisteis de palacio. La reina me hizo este encargo. Pensé que sería un viaje aburrido ... pensé que este trabajo obedecía a un capricho de mi... de la reina. Pero lo de hoy ha despertado mi curiosidad, y eso es muy difícil....

- Yo, yo no sabía que nos estabas siguiendo ¿por qué? -miro a la mujer y comprendo que me está evaluando. No debe gustarle demasiado hablar.

-Yo pregunto, tú contestas -la loba gruñe y se levanta. Ahora está sentada, mirándome con cara de pocos amigos -

- Te diré cuanto sé -no me gustan las mujeres, fueron engendradas para la perdición de los hombres, pero he de confesar que esta me produce una mezcla de admiración y temor -Hace unos días, apareció en nuestro monasterio una mujer cubierta de extraños símbolos tatuados en el hombro derecho... -observo y comprendo que ella ya sabe esta parte de la historia - símbolos desconocidos... yo... yo... soy el escribano de mi monasterio y puedo asegurar que pertenecen a alguna clase de lengua oriental.... pero no estoy seguro....No puedo contarte mucho más de la historia yo presencié el incidente por error y por ello estoy metido en este lío -miro a la mujer a los ojos, unos profundos ojos oscuros, como la noche -mi superior me dijo que debíamos conducirla ante la reina y eso hicimos pero... una vez allí puede escuchar como la reina pretendía matarnos y conservar a la chica así que me ofrecí para viajar a las tierras del sur y encontrar a un hombre...

-...capaz de leer los símbolos -la mujer mira al suelo y luego se levanta -no me has dicho nada que no sepa. ¿Sabes algo de la profecía?

- ¡La profecía! -¡alabado sea Dios! esto escapa a mi comprensión. ¡Profecía!.

-No, no sabes nada -la mujer me mira con una mezcla de reproche y tristeza -La reina es gran amante de tradiciones orales y ritos ancestrales -la mujer observa mi cara y esboza una sonrisa- no te preocupes monje, no los practica. Los guarda y custodia. Ella asegura que un visionario predijo que en su reinado aparecería un mensaje no escrito capaz de alterar todo el mundo conocido. Y que este mensaje, esta ley.... tendría forma de mujer...

-¡Tonterías! -me levanto y me enfrento a la mujer de pelo rojo. Me arde todo el cuerpo y me siento invadido por la ira -¡No hay ley superior a la ley divina!

-Ya -la mujer se ríe.

-Dios es infinito y su ley nos alcanza a todos....

-Como su ira, monje, no te olvides de la ira divina -la mujer ríe, y la loba que permanecía sentada se acerca a ella.

-No hay nada por encima de Él -me acerco a la mujer y noto la respiración de la loba en mi mano derecha.- Todo esto son tonterías, locuras, desvaríos traídos de tierras de infieles. Esa mujer debió pasar su niñez en estas tierras y los símbolos no tienen ninguna importancia....

- Entonces hermano, podrás explicarme porqué os seguían por este bosque olvidado, porqué han estado a punto de mataros y porqué, en este mismo instante, estamos siendo vigilados...